Regla de los templarios: ¿cómo vivían los caballeros del Temple?

Caballero templario en una encomienda ilustrando la regla y la vida cotidiana de la Orden del Temple

Los templarios suelen representarse como caballeros con armadura recorriendo Tierra Santa. Sin embargo, detrás de la imagen del combatiente existía una realidad mucho más reglamentada: la de hombres pertenecientes a una orden religiosa y militar, sometidos a una regla que organizaba gran parte de su existencia.

Oraciones, comidas, vestimenta, desplazamientos, posesiones personales, disciplina o comportamiento en combate: la vida de un hermano del Temple no quedaba a su libre voluntad.

Pero ¿cómo vivían realmente los templarios? ¿Qué les imponía la Regla del Temple y hasta dónde llegaba esta disciplina? Para comprenderlo hay que volver al siglo XII y distinguir la historia documentada de las representaciones modernas.

Lo esencial

  • La vida de los templarios estaba regulada por una regla religiosa y disciplinaria que afectaba a la oración, las comidas, la vestimenta, los desplazamientos y el comportamiento en combate.
  • La Orden del Temple fue fundada en 1120 durante el Concilio de Nablus.
  • El 13 de enero de 1129, el Concilio de Troyes aprobó la Regla del Temple.
  • Atribuir a san Bernardo de Claraval la redacción completa de la Regla es demasiado simplificador: su papel fue importante, pero la elaboración del texto fue más compleja.

¿Qué es la Regla de los templarios?

La Regla del Temple es el conjunto de prescripciones que regulaban la vida de los hermanos pertenecientes a la Orden del Temple.

Afectaba tanto a su vida religiosa como a su comportamiento cotidiano y su organización militar. Establecía especialmente normas relativas a:

  • las oraciones y los oficios religiosos;
  • las comidas y los periodos de ayuno;
  • la vestimenta;
  • la obediencia;
  • las posesiones personales;
  • los caballos y el equipo;
  • las relaciones entre los hermanos;
  • las faltas y penitencias;
  • la recepción de nuevos miembros;
  • y el funcionamiento jerárquico de la Orden.

Sin embargo, sería engañoso imaginar un libro redactado íntegramente de una sola vez y que permaneció sin cambios durante casi dos siglos.

El núcleo primitivo de la regla fue aprobado a comienzos del siglo XII. Posteriormente, la experiencia adquirida por la Orden llevó a añadir estatutos, usos, reglamentos disciplinarios y prescripciones relativas a la vida conventual.

El texto que ha llegado hasta nosotros refleja, por tanto, varias etapas de la historia del Temple.

El Concilio de Troyes y el nacimiento de la Regla del Temple

La Orden del Temple apareció en Tierra Santa a comienzos del siglo XII alrededor de Hugo de Payns y un pequeño grupo de caballeros.

Según la cronología aceptada actualmente por los Archivos Nacionales de Francia, la Orden fue fundada en 1120 durante el Concilio de Nablus.

Algunos años más tarde, Hugo de Payns viajó a Occidente para obtener apoyos y dar a esta nueva comunidad un reconocimiento más sólido.

El 13 de enero de 1129, el Concilio de Troyes aprobó la Regla del Temple en presencia de numerosas autoridades eclesiásticas, entre ellas Bernardo de Claraval.

Concilio de Troyes de 1129 asociado a la aprobación de la regla de los templarios

¿San Bernardo escribió la Regla de los templarios?

Todavía se lee con frecuencia que san Bernardo de Claraval habría escrito personalmente la Regla del Temple.

La realidad es más matizada.

Bernardo desempeñó un papel importante en el reconocimiento y defensa de la nueva orden militar. Su influencia en el Concilio de Troyes también fue considerable.

Pero es más prudente hablar de su influencia en la elaboración y aprobación de la regla que atribuirle en solitario la redacción completa del texto.

La propia regla relata que Hugo de Payns presentó ante la asamblea los usos que ya seguían sus compañeros y que estos fueron examinados, aprobados o modificados.

¿Por qué necesitaban los templarios una regla?

La Orden del Temple reunía dos universos que hasta entonces parecían difíciles de conciliar: la vida religiosa y el ejercicio de las armas.

El hermano del Temple no debía ser simplemente un caballero combatiente al servicio de un señor. Renunciaba a parte de su autonomía para vivir dentro de una comunidad organizada alrededor de la obediencia, la oración y el servicio a la Orden.

La regla debía, por tanto, transformar el comportamiento tradicional del caballero.

El ideal ya no era el del guerrero que combatía por su gloria personal, por riquezas o por prestigio social. El hermano debía poner sus capacidades militares al servicio de la misión colectiva del Temple.

Esta transformación explica el lugar esencial concedido a la obediencia.

¿Eran los templarios monjes soldados?

La expresión «monjes soldados» se utiliza hoy ampliamente para designar a los templarios. Permite comprender rápidamente su originalidad, pero simplifica una realidad institucional más compleja.

Los hermanos del Temple pertenecían a una orden religiosa militar. Su vida cotidiana integraba las oraciones, la vida comunitaria, la obediencia, la castidad y la renuncia a las posesiones individuales, pero una parte de ellos también estaba destinada al combate.

Su existencia se situaba, por tanto, en el encuentro de dos disciplinas: la de la comunidad religiosa y la de la caballería.

Esta doble identidad constituye una de las principales particularidades de la Orden del Temple.

¿Cómo transcurría un día de un templario?

No existe un horario único que permita afirmar que todos los templarios, en todas las encomiendas y durante casi dos siglos, realizaban exactamente las mismas tareas a la misma hora.

La vida cotidiana variaba según el lugar, el periodo, la función del hermano y las circunstancias militares.

La regla muestra, sin embargo, que la jornada estaba profundamente estructurada por los oficios religiosos y las necesidades de la comunidad.

Los hermanos debían escuchar los oficios cuando podían. Los textos mencionan, entre otros, maitines, nona, vísperas y completas.

Cuando un hermano estaba de viaje o en una situación que no le permitía asistir a un oficio, determinadas oraciones podían sustituirlo.

Entre estos tiempos religiosos se situaban las numerosas actividades necesarias para el funcionamiento de la Orden:

  • cuidado de los caballos y del equipo;
  • misiones confiadas por los superiores;
  • entrenamiento y actividades militares;
  • administración de las posesiones del Temple;
  • trabajo dentro de las encomiendas;
  • desplazamientos;
  • comidas comunitarias;
  • y, en Oriente, operaciones militares y vigilancia de los territorios.

La vida templaria era, por tanto, menos una sucesión permanente de batallas que una alternancia entre religión, administración, preparación militar y vida comunitaria.

Vida cotidiana de los templarios en una encomienda medieval

¿Qué lugar ocupaba la oración entre los templarios?

La dimensión religiosa no era un simple decorado añadido a su actividad militar.

Desde los primeros artículos de la regla, el oficio divino ocupa un lugar importante. Los hermanos debían participar en las oraciones de la comunidad cuando podían.

El ritmo religioso también marcaba las comidas, los periodos de ayuno, las fiestas y la memoria de los hermanos fallecidos.

Cuando moría un miembro de la Orden, se preveían especialmente oraciones por el descanso de su alma.

La oración formaba, por tanto, plenamente parte de la identidad del hermano del Temple, incluso cuando ejercía una actividad militar.

¿Cómo comían los templarios?

La Regla del Temple ofrece indicaciones especialmente interesantes sobre las comidas.

Comidas en comunidad

Los hermanos comían normalmente juntos en el refectorio.

El silencio ocupaba un lugar importante durante la comida y una lectura religiosa podía acompañar el almuerzo o la cena.

Las reglas insistían también en compartir y en cierta igualdad entre los hermanos.

¿Comían carne los templarios?

Al contrario de una idea que a veces se difunde, los templarios no eran estrictamente vegetarianos.

La regla primitiva preveía carne varios días por semana, con disposiciones particulares para ciertos domingos y días de fiesta.

Otros días se dedicaban a platos de verduras, sopas, pescado o alimentos adaptados a los periodos de ayuno.

Las prácticas podían evolucionar y los textos posteriores muestran una organización alimentaria más detallada que los primeros artículos.

¿Recibían los enfermos la misma alimentación?

No. La regla muestra una atención especial hacia los enfermos, los ancianos y los hermanos debilitados.

La enfermería podía proporcionar una alimentación diferente cuando el estado de un hermano lo exigía.

La austeridad no pretendía, por tanto, poner voluntariamente en peligro la salud de un miembro de la comunidad.

¿Qué ropa llevaban los templarios?

La vestimenta también estaba regulada.

El célebre manto blanco estaba reservado a los hermanos caballeros. Los sargentos no debían utilizar el mismo manto blanco y llevaban especialmente colores más oscuros.

Esta distinción tenía una función práctica y jerárquica: no todos los miembros de la Orden ocupaban el mismo rango.

La regla condenaba además la búsqueda del lujo en el vestir.

Las prendas debían adaptarse a la función del hermano y no convertirse en un medio para exhibir riqueza u orgullo.

Un hermano que reclamara por vanidad una prenda especialmente hermosa podía incluso recibir una de menor prestigio.

¿Llevaban siempre los templarios una cruz roja?

El manto blanco se asoció muy pronto a los caballeros del Temple, pero la célebre cruz roja pertenece a una etapa posterior de la historia de la Orden.

Por ello, conviene evitar proyectar exactamente la misma vestimenta sobre toda la existencia del Temple.

Para profundizar en el significado de los emblemas asociados a la Orden, puedes consultar nuestra guía dedicada a los símbolos templarios.

Equipo y vestimenta de un caballero templario con manto, espada y yelmo

¿Podían los templarios poseer bienes personales?

En gran medida, no.

La vida del hermano se basaba en un principio de posesión comunitaria.

La regla prohibía especialmente a un hermano conservar para sí determinados bienes, provisiones u objetos recibidos sin autorización.

Incluso un regalo ofrecido personalmente por un familiar debía someterse a las reglas de la casa.

Esto no significa, evidentemente, que la Orden del Temple fuera pobre como institución. A lo largo de su historia recibió importantes tierras, edificios, derechos y donaciones.

Hay que distinguir, por tanto, dos realidades:

  • la Orden podía poseer y administrar riquezas;
  • el hermano no debía considerar los bienes de la Orden como propiedad personal.

Esta distinción es esencial para comprender la aparente paradoja entre el ideal de pobreza individual y el poder económico adquirido por la institución.

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¿Era realmente esencial la obediencia?

Sí. La obediencia constituye uno de los principios centrales de la Regla del Temple.

El hermano renunciaba en parte a decidir por sí solo sus acciones.

No podía necesariamente salir, desplazarse, intercambiar material o modificar su equipo según su propia voluntad. Muchas decisiones dependían del maestre, de un comendador o del responsable competente.

Esta disciplina tenía evidentemente una dimensión religiosa, pero también poseía una utilidad militar evidente.

Una unidad combatiente en la que cada caballero decidiera individualmente cargar, retirarse o abandonar su posición habría sido extremadamente difícil de controlar.

El ideal templario sustituía así en parte la independencia del caballero feudal por la disciplina del grupo.

¿Podían los templarios hacer lo que quisieran fuera de los combates?

No. La regla también regulaba numerosos comportamientos que hoy podríamos considerar pertenecientes a la vida privada.

Regulaba especialmente:

  • los desplazamientos sin autorización;
  • la recepción de determinados regalos;
  • la vestimenta;
  • los intercambios de material;
  • determinados entretenimientos;
  • las relaciones con el exterior;
  • y el comportamiento entre los hermanos.

¿Podían cazar los templarios?

La caza como ocio estaba ampliamente condenada por la regla.

Los hermanos no debían buscar las distracciones aristocráticas tradicionales vinculadas a la cetrería o la persecución de piezas de caza.

Esta prohibición correspondía a la voluntad de distinguir al caballero religioso del caballero secular que buscaba entretenimiento y prestigio.

Caballeros y sargentos: ¿eran iguales todos los templarios?

Todos los miembros del Temple pertenecían a la misma institución, pero no todos desempeñaban la misma función ni ocupaban el mismo rango.

Entre las categorías más conocidas se encontraban:

  • los hermanos caballeros;
  • los hermanos sargentos;
  • los capellanes;
  • así como distintos sirvientes y personal vinculado al funcionamiento de la Orden.

Los hermanos caballeros disponían de un equipo militar correspondiente a su función. Los textos tardíos describen especialmente los caballos, el escudero, la espada, la lanza, el escudo, el yelmo y distintas piezas de armamento que podían serles asignadas.

Pero, también aquí, este equipo pertenecía al funcionamiento de la casa y no debía considerarse una propiedad privada libremente utilizable.

¿Cómo se ingresaba en la Orden del Temple?

Ingresar en el Temple no era comparable a incorporarse a una simple hermandad caballeresca.

La regla preveía una recepción ante la comunidad e insistía en la necesidad de comprobar la voluntad de quien deseaba unirse a la Orden.

La regla debía serle presentada y el candidato tenía que aceptar someterse a las obligaciones de la casa.

Los textos de recepción posteriores muestran una ceremonia estructurada durante la cual se interrogaba al candidato sobre su situación y sobre los compromisos que se disponía a asumir.

Por tanto, no se convertía en templario únicamente por saber manejar una espada o por poseer origen noble.

Entrar en el Temple implicaba aceptar una nueva forma de vida.

Recepción de un nuevo hermano en la Orden del Temple durante la Edad Media

¿Qué sanciones podía recibir un templario?

Una regla tan detallada habría tenido poco efecto sin un sistema disciplinario.

Los textos del Temple dedican, por tanto, un lugar importante a las faltas, penitencias y sanciones.

Evidentemente, no todas las infracciones se consideraban igual de graves.

Una falta relativamente leve podía conducir a una penitencia limitada. Otros comportamientos podían provocar una exclusión temporal de la comunidad, una sanción más importante o, en los casos más graves, la pérdida de la pertenencia a la casa.

El capítulo desempeñaba un papel importante en esta disciplina.

El hermano debía especialmente reconocer ciertas faltas y aceptar la corrección impuesta.

¿Por qué eran tan importantes las sanciones?

Porque la falta individual podía debilitar al conjunto del grupo.

En una institución al mismo tiempo religiosa, comunitaria y militar, negarse a obedecer podía tener consecuencias mucho más importantes que una simple falta personal.

La disciplina protegía, por tanto, tanto el ideal religioso de la Orden como su eficacia colectiva.

¿Vivían realmente los templarios en una austeridad extrema?

La respuesta debe matizarse.

La regla valora claramente la sobriedad, la obediencia, la vida comunitaria y el rechazo del lujo personal.

Pero no promueve sistemáticamente una privación física absoluta.

Los enfermos debían recibir cuidados. Los hermanos ancianos o débiles podían beneficiarse de adaptaciones. Las comidas incluían a veces carne y vino. Los caballeros recibían también el equipo, los caballos y la vestimenta necesarios para su función.

El objetivo no era, por tanto, dejar a los hermanos incapaces de cumplir su misión.

La austeridad templaria consistía sobre todo en renunciar a la búsqueda personal de comodidad, lujo y distinción en favor de las necesidades de la comunidad.

¿Era secreta la Regla de los templarios?

La idea de una misteriosa regla secreta que contuviera las verdaderas prácticas del Temple pertenece en gran medida al imaginario desarrollado en torno a la Orden.

Existe, sin embargo, una realidad que pudo alimentar esta representación: la Regla del Temple que conocemos hoy está formada por varios conjuntos de textos y no todas las prescripciones internas estaban necesariamente destinadas a circular libremente fuera de la comunidad.

Los manuscritos conservados muestran un corpus complejo que incluye la regla primitiva, los estatutos jerárquicos, la vida conventual, las penalidades, los capítulos y las modalidades de recepción.

Esto no constituye, sin embargo, una prueba de la existencia de una enseñanza esotérica oculta.

Como ocurre a menudo con la historia de los templarios, hay que distinguir los reglamentos internos de una orden medieval de las leyendas surgidas mucho más tarde.

Lo que la Regla nos enseña sobre los verdaderos templarios

La Regla del Temple permite descubrir una realidad mucho más interesante que la imagen simplificada del caballero misterioso.

Revela una organización en la que la guerra solo constituía una parte de la existencia.

El hermano debía rezar, comer con sus compañeros, respetar una jerarquía, cuidar a los enfermos, aceptar la ropa y el equipo distribuidos por la Orden y reconocer sus faltas.

Los textos muestran también que la regla debía adaptarse continuamente a las situaciones concretas encontradas por una organización implantada tanto en Oriente como en Occidente.

Es precisamente esta combinación entre ideal religioso, disciplina colectiva y exigencias militares la que permite comprender mejor la originalidad de la Orden del Temple.

Manuscrito medieval relacionado con la Regla del Temple con espada y manto templario

Preguntas frecuentes sobre la Regla de los templarios

¿Cuándo se creó la Regla de los templarios?

La regla primitiva está asociada al Concilio de Troyes de 1129, durante el cual la Orden del Temple y sus usos recibieron un reconocimiento importante. El corpus normativo se desarrolló y completó después a lo largo de la historia de la Orden.

¿San Bernardo escribió la Regla del Temple?

Bernardo de Claraval desempeñó un papel importante en el apoyo a la nueva orden y participó en el contexto del Concilio de Troyes. Sin embargo, resulta demasiado simplificador presentarlo como el único autor de toda la Regla del Temple.

¿Hicieron voto de pobreza los templarios?

El hermano debía renunciar a la posesión personal y vivir dentro del marco comunitario de la Orden. Esto no impidió que la propia institución poseyera tierras, edificios, ingresos y otros bienes necesarios para su funcionamiento.

¿Podían comer carne los templarios?

Sí. La regla preveía carne determinados días, mientras que otras comidas se basaban más en verduras, sopas, pescado o alimentos adaptados a los periodos de ayuno.

¿Por qué llevaban los templarios un manto blanco?

El manto blanco estaba reservado a los hermanos caballeros y simbolizaba especialmente su compromiso religioso. Otros miembros, como los hermanos sargentos, no llevaban el mismo manto blanco.

¿Podían los templarios abandonar libremente su encomienda?

Su libertad de desplazamiento estaba muy regulada. Muchas salidas y desplazamientos requerían autorización de un superior.

¿Eran todos los templarios caballeros?

No. La Orden incluía especialmente hermanos caballeros, hermanos sargentos y capellanes, además de distintas personas necesarias para el funcionamiento de las casas del Temple.

¿Se conservan manuscritos de la Regla del Temple?

Sí. Conocemos la regla especialmente gracias a varios manuscritos medievales y a su estudio por los historiadores. Una importante edición francesa fue publicada en el siglo XIX por Henri de Curzon para la Société de l’Histoire de France.

Una regla para transformar al caballero

La Regla de los templarios muestra que ingresar en la Orden del Temple significaba mucho más que ponerse un manto y tomar las armas.

El hermano aceptaba una existencia en la que la voluntad individual debía ceder ante la comunidad, la jerarquía y la misión de la Orden.

Comidas, vestimenta, oraciones, desplazamientos o equipo: aspectos muy concretos de la vida cotidiana estaban reglamentados.

Probablemente ahí se encuentra una de las claves para comprender la fuerza del modelo templario: intentar transformar al caballero medieval, tradicionalmente apegado a su honor personal y a su independencia, en miembro disciplinado de una institución colectiva.

Más de siete siglos después de la desaparición de la Orden, esta organización sigue alimentando el interés por su historia y por los valores tradicionalmente asociados a su legado.

Fuentes históricas y para saber más

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