Templarios: comprender su vida real mediante la recreación histórica
¿Quiénes fueron realmente los templarios? ¿Cómo vivían? ¿Cómo eran sus ropas, equipos y armas? ¿Y qué hay de cierto detrás de las leyendas sobre tesoros, esoterismo y sociedades secretas? Jean-Marc Grangé, presidente de Fantassins de France, propone otra manera de acercarse a ellos: confrontar las fuentes históricas con la práctica de la recreación histórica.
Los templarios son una de esas figuras medievales cuya leyenda parece haber eclipsado en ocasiones a la historia.
Caballeros vestidos de blanco, cruz roja, batallas en Oriente, tesoros desaparecidos, sociedades secretas, el Grial… A lo largo de los siglos, la Orden del Temple ha acumulado representaciones que a veces están muy alejadas de lo que realmente permiten establecer las fuentes.
Para Jean-Marc Grangé, presidente de la asociación Fantassins de France, comprender una época exige superar precisamente esa imagen inmóvil.
Su método consiste en estudiar las fuentes, compararlas y, siempre que sea posible, contrastar ciertas hipótesis con la realidad de la práctica.
Describe este enfoque como una forma de «dar testimonio de la Historia a través de la práctica», en una línea que algunos relacionan con la arqueología experimental.
«Aprender cada vez más para comprender mejor, experimentar mejor y recrear mejor, con el fin de transmitir mejor los conocimientos».
En su planteamiento, la recreación histórica va mucho más allá de reproducir visualmente una época. Permite poner a prueba gestos, equipamientos e interpretaciones, y conocer mejor sus limitaciones concretas.
De los cátaros a las cruzadas y, después, a los templarios
El interés de Jean-Marc Grangé por la Orden del Temple no comenzó directamente con los templarios.
Cuenta que, hace más de treinta años, durante una estancia en Carcasona, visitó un museo dedicado a la Inquisición.
Como su padre era originario de los Pirineos, ya conocía varios lugares relacionados con los cátaros. Sin embargo, aquella visita despertó su deseo de comprender mucho mejor la cruzada albigense y el periodo histórico al que pertenecía.
Una investigación llevó a otra y, poco a poco, el tema lo condujo a las cruzadas y a la Orden del Temple, que, en su opinión, no puede estudiarse al margen de ese contexto.
Finalmente, un amigo dedicado a la recreación histórica le propuso un nuevo reto: recrear a un templario.
Pero para Jean-Marc no basta con ponerse una vestimenta.
Es necesario comprender el contexto, los gestos, los equipos, las limitaciones físicas y, sobre todo, la mentalidad de la época.
Practicar el combate con armadura o cota de malla, manejar armas o reproducir determinadas situaciones históricas puede transformar profundamente nuestra interpretación de los textos y las imágenes antiguas.
La recreación histórica como prolongación de la investigación
Jean-Marc suele comparar la Historia con un inmenso rompecabezas al que todavía le faltan piezas.
Cada respuesta puede dar lugar a una nueva pregunta.
En ese contexto, la recreación histórica se convierte en una herramienta complementaria: cuando una hipótesis puede ponerse a prueba, busca determinar si funciona, cómo funciona y, si no funciona, por qué.
La práctica no sustituye a las fuentes históricas. Las complementa al confrontar algunas interpretaciones con las dificultades reales de su ejecución.

Jean-Marc insiste también en la necesidad de trabajar con varias fuentes, incluso cuando se contradicen, para no quedar encerrado en una única doctrina o corriente interpretativa.
«Para comprender un periodo de la Historia, es absolutamente necesario pensar con la mentalidad de la época».
Este es uno de los principios esenciales de su enfoque.
Un templario era, ante todo, un religioso
Una de las representaciones más habituales consiste en reducir a los templarios a un ejército de caballeros.
Jean-Marc destaca, por el contrario, la dimensión religiosa y espiritual de su compromiso.
Los caballeros que ingresaban en la Orden pasaban por un periodo de prueba antes de pronunciar sus votos monásticos. No se convertían simplemente en guerreros sometidos a una autoridad religiosa: entraban en una orden monástica militar.
Su existencia estaba estructurada por la vida comunitaria, la disciplina, las obligaciones religiosas y la oración.
El contexto de los siglos XII y XIII estaba profundamente marcado por la salvación del alma, el servicio a Dios, la defensa de la Iglesia y la protección de los Santos Lugares.
En ese marco, entrar en una orden militar religiosa permitía unir el compromiso espiritual y la vocación guerrera.
Esta dimensión religiosa ayuda a comprender por qué algunas fórmulas quedaron tan vinculadas a la memoria del Temple, como Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam. Su comienzo, Non Nobis Domine, es hoy la parte más conocida.
¿«Monje soldado» o «monje combatiente»?
La expresión «monje soldado» aparece constantemente cuando se habla de los templarios.
Sin embargo, Jean-Marc considera que no es del todo adecuada.
Recuerda que un soldado, en sentido estricto, es un hombre que recibe una soldada.
Los templarios habían hecho voto de pobreza y no eran propietarios a título personal de sus equipos: la Orden les proporcionaba lo necesario para cumplir su servicio.
Por eso prefiere la expresión «monje combatiente».
Esta unión de vida religiosa y actividad guerrera podía resultar paradójica ya en el siglo XII. Para comprender mejor esta nueva concepción de la caballería, Jean-Marc recomienda volver al De Laude novae militiae de Bernardo de Claraval.
También recuerda que no se debe reducir la Orden únicamente a sus caballeros.
Como en cualquier organización militar, numerosos hombres contribuían a su funcionamiento sin pertenecer a esa élite combatiente.
Jean-Marc señala un error frecuente en la recreación histórica moderna: representar sobre todo a hombres vestidos de blanco, cuando la organización real del Temple se apoyaba en un grupo humano mucho más diverso.

Templarios y «asesinos»: ¿de dónde viene la confusión?
Jean-Marc cuenta que, durante algunas manifestaciones históricas, ciertos visitantes le preguntan si los templarios eran «asesinos».
Considera que esta confusión procede principalmente de la cultura popular, del cine y de numerosas leyendas que han ido sustituyendo a la historia en el imaginario colectivo.
También recuerda que la manipulación de la imagen de los templarios no es un fenómeno exclusivamente contemporáneo.
El rey Felipe IV el Hermoso recurrió a una auténtica estrategia política y propagandística para debilitar y desacreditar a la Orden.
Frente a las representaciones actuales, Jean-Marc prefiere regresar a los hechos y a las fuentes.
La Regla de la Orden del Temple es, a su juicio, un documento especialmente importante para entender su organización, disciplina y espíritu.
Una «Casa del Temple», no una encomienda
Al imaginar la vida cotidiana de los templarios, suele utilizarse el término «encomienda».
Sin embargo, Jean-Marc quiere precisar la terminología.
Prefiere hablar de Casa del Temple cuando se trata de un establecimiento templario.
Reserva el término encomienda para los establecimientos relacionados con la Orden del Hospital.
Según él, esta confusión se explica en parte por el traspaso de buena parte de los bienes templarios a los hospitalarios tras la supresión de la Orden del Temple.
Esta desaparición institucional está estrechamente ligada a los últimos años de la Orden y a su último gran maestre, Jacques de Molay, ejecutado en 1314 tras el proceso contra el Temple.
Una jornada templaria marcada principalmente por la oración
Para comprender la vida cotidiana de un hermano del Temple, Jean-Marc insiste en algo fundamental: no hay que olvidar nunca que, ante todo, es un monje.
En su interpretación de la Regla, las veinticuatro horas del día se organizaban primero alrededor de los momentos de oración.
- Hacia medianoche: vigilias
- Hacia las 2: maitines
- Hacia las 4: laudes
- Hacia las 6: prima
- Hacia las 9: tercia
- Hacia las 12: sexta
- Hacia las 15: nona
- Hacia las 18: vísperas
- Hacia las 21: completas
Jean-Marc menciona también la misa matutina y las diferentes tareas que ocupaban a los hermanos entre esos momentos religiosos.
El trabajo, las reparaciones, el cuidado de los equipos y las armas, las obras de caridad, el entrenamiento y la atención a los caballos figuraban, según él, entre sus obligaciones.
Un caballero debía ocuparse diariamente de su caballo de guerra.
En Oriente, a las obligaciones habituales podían sumarse las guardias, patrullas, escoltas o vigilancia de fortificaciones.
Las comidas se realizaban en silencio mientras uno de los hermanos leía un texto religioso.
Esta organización muestra hasta qué punto resulta limitada la imagen del templario dedicado exclusivamente al combate.
Lo que permite comprender la práctica
¿Por qué practicar la recreación histórica si ya existen libros y archivos?
Para Jean-Marc, la respuesta se resume en una palabra: realidad.
Ejecutar un gesto permite contrastar los conocimientos académicos con sus consecuencias físicas y materiales.
Llevar una cota de malla, desplazarse con el equipo, combatir, manejar un arma o reproducir ciertas condiciones cambia inevitablemente la percepción de lo que describen las fuentes.
Esta experimentación no proporciona automáticamente una verdad histórica.
Sin embargo, permite formular nuevas preguntas y, en ocasiones, descartar interpretaciones que no resisten la prueba práctica.
Jean-Marc recuerda que el conocimiento de la Orden sigue evolucionando gracias a la investigación histórica y al estudio de documentos todavía insuficientemente analizados.
Cita, por ejemplo, el pergamino de Chinon, hallado en los archivos del Vaticano en 2002 y publicado años después, tras su estudio.
¿Cómo era realmente un templario?
La imagen popular suele mostrar a un templario con una imponente armadura metálica, un manto blanco y una enorme cruz roja.
Jean-Marc recuerda que esta representación mezcla con frecuencia épocas distintas.
Para el siglo XIII que intenta recrear, subraya especialmente la importancia de la cota de malla.

El combatiente utilizaba un equipo comparable al de los demás guerreros de su época.
La cota de malla incluía protección para la cabeza y las manos, aunque estos elementos empezaron a separarse progresivamente durante el siglo XIII.
La imagen clásica del templario totalmente encerrado en una armadura de placas corresponde, por tanto, a un periodo posterior, cuando la Orden del Temple ya no existía.
Lo que identificaba especialmente su pertenencia a la Orden eran las prendas que llevaba sobre el equipo militar y los hábitos propios de la comunidad.
Jean-Marc recuerda asimismo que la cruz roja no acompañó a la Orden desde sus orígenes. Su uso en los hábitos templarios fue autorizado por el papa en 1147.
Para conocer mejor la historia y el significado de este símbolo, también puedes consultar nuestro artículo sobre la cruz patada y su relación con los templarios.
Sobriedad antes que ostentación
Otro aspecto que aparece constantemente en las respuestas de Jean-Marc es la sobriedad.
Según la imagen del templario que extrae de la Regla, las prendas y el equipo personal no debían convertirse en una forma de exhibir riqueza o prestigio.
Por ello, considera problemáticas desde el punto de vista histórico muchas representaciones modernas de caballeros del Temple cubiertos de joyas, cadenas, cinturones lujosos o armas engastadas con piedras.
Señala también varios errores frecuentes:
- joyas y accesorios ostentosos;
- correas, tahalíes y hebillas excesivamente decorados;
- armas adornadas con lujo;
- determinados zapatos fantasiosos;
- mantos representados sistemáticamente con capucha;
- cruces rojas desproporcionadas que ocupan gran parte de la ropa.
Jean-Marc insiste especialmente en las capuchas, que considera una representación anacrónica cuando aparecen colocadas directamente sobre el manto templario.
Del mismo modo, las enormes cruces rojas de muchas ilustraciones actuales responden más a nuestro imaginario que a la sobriedad que buscaba la Orden.
Las imágenes medievales también pueden compararse con otros testimonios de la institución, como el sello de los templarios con sus dos jinetes, uno de los símbolos más conocidos del Temple.
El tesoro de los templarios: cuando la leyenda se impone
Si hay una leyenda que divierte especialmente a Jean-Marc, es la del famoso tesoro de los templarios.
Lo compara con la piedra filosofal, la fuente de la eterna juventud y otros grandes objetos míticos buscados por la humanidad durante siglos.
En su opinión, el estudio de la historia de la Orden no permite dar credibilidad a las teorías contemporáneas sobre un fabuloso tesoro oculto.
Es precisamente aquí donde, a su juicio, la leyenda prevalece sobre la realidad histórica.
Se muestra igual de categórico con otros relatos populares.
Para Jean-Marc:
- los masones no constituyen una continuación histórica de la Orden del Temple;
- la Orden no sobrevivió clandestinamente después de su supresión;
- los templarios no eran una sociedad secreta encargada de proteger el Grial;
- no existen pruebas históricas que permitan presentarlos como guardianes del Arca de la Alianza en Jerusalén.
«En todo hay que mantener la sensatez, especialmente cuando se trata de Historia».
¿Cómo distinguir la historia rigurosa de los relatos fantásticos?
Ante los miles de libros, vídeos, documentales y publicaciones dedicados a los templarios, ¿cómo saber en qué confiar?
Jean-Marc recomienda acudir, ante todo, a historiadores especialistas en la Orden y evitar mezclar la investigación histórica con el esoterismo.
Entre los autores que menciona figuran Alain Demurger, Simonetta Cerrini y Philippe Josserand.
Destaca también la importancia de consultar la Regla de la Orden del Temple, indispensable, a su juicio, para comprender concretamente la organización, la disciplina y la vida de los hermanos.
La biblioteca recomendada por Jean-Marc Grangé
Cuando se le pide recomendar solo entre tres y cinco libros, Jean-Marc reconoce que resulta difícil elegir.
Su propia biblioteca sobre el periodo reúne varias decenas de referencias.
No obstante, nos propone distintos niveles de lectura.
Alain Demurger — Les Templiers
Para Jean-Marc es una de las grandes referencias históricas sobre la Orden.
Una obra muy completa, de más de 600 páginas, para quienes desean profundizar de verdad en el tema.
Marie Delclos y Jean-Luc Caradeau — Histoire de l’Ordre du Temple
Una introducción general que considera más accesible y que permite descubrir las principales etapas de la historia del Temple.
Thierry do Espirito — Les Templiers pour les Nuls
Una introducción deliberadamente sencilla, organizada en capítulos cortos, adecuada para quienes buscan una visión general.
Georges Bordonove — La vie quotidienne des Templiers au XIIIe siècle
Jean-Marc recomienda especialmente esta obra a quienes quieran comprender cómo vivían los hermanos del Temple más allá de las batallas y las fechas célebres.
Damien Carraz — Les Templiers et la guerre
Un estudio centrado específicamente en la dimensión militar de la Orden.
Miguel Gómez — Les Templiers, les légendaires moines-guerriers
Un libro breve y muy ilustrado, especialmente adecuado para quienes prefieren un enfoque visual.
Laurent Dailliez — Les Templiers et les Règles de l’Ordre du Temple
Una referencia accesible para descubrir la Regla y comprender mejor los principios que regían la vida de la Orden.
Henri de Curzon — La Règle du Temple
Jean-Marc cita también la traducción de Henri de Curzon como referencia importante para acceder directamente al texto de la Regla.
Para comprender las cruzadas en un contexto más amplio
Jean-Marc insiste en otra cuestión: comprender a los templarios implica no separar la Orden de la historia general de las cruzadas y del Mediterráneo medieval.
Recomienda, entre otros, los siguientes títulos:
Sébastien Mamerot — Une Chronique des Croisades
La reproducción de un manuscrito del siglo XV ricamente iluminado, especialmente interesante para quienes disfrutan de los libros de arte y de la iconografía medieval.
Jean Richard — Histoire des Croisades
Una referencia general para situar los distintos episodios de las cruzadas en su contexto histórico.
Chronique anonyme de la Première Croisade
Un testimonio especialmente interesante porque permite acercarse a los acontecimientos a través de una narración medieval.
Amin Maalouf — Les Croisades vues par les Arabes
Jean-Marc recomienda también cambiar de perspectiva y descubrir las cruzadas a partir de las fuentes y relatos del mundo árabe.
Sylvie Denoix y Hélène Renel — Atlas des Mondes Musulmans Médiévaux
Una obra profusamente ilustrada con mapas, esquemas y documentos que permite situar el Próximo Oriente medieval en un contexto mucho más amplio.
Comprender antes que reproducir una leyenda
Lo que finalmente destaca del enfoque de Jean-Marc Grangé es su método.
Partir de las fuentes.
Compararlas.
Comprender la mentalidad de la época.
Experimentar siempre que sea posible.
Y aceptar que la Historia es mucho más compleja que las imágenes que hemos construido a su alrededor.
Los templarios no resultan por ello menos fascinantes.
Todo lo contrario.
Detrás de los tesoros imaginarios, las sociedades secretas y los caballeros idealizados aparece una organización medieval profundamente marcada por la religión, la disciplina, el combate, la vida comunitaria y las realidades concretas de su tiempo.
Tal vez sea precisamente al abandonar una parte de las leyendas cuando la Orden del Temple se vuelve todavía más interesante.
Acerca de Fantassins de France
Jean-Marc Grangé es presidente de la asociación Fantassins de France.
Mediante la recreación histórica, la asociación busca transmitir la Historia al público apoyándose en la investigación documental, la experimentación y la práctica.
Puedes consultar sus actividades en la página Fantassins de France.